
La caída de los regímenes comunistas del Este de Europa generó en sus sociedades una euforia de la que fueron testigos los medios de comunicación. Prensa, radio y televisión difundieron los cambios que día a día liquidaban las instituciones comunistas. Pero una vez que la situación fue estabilizándose y que la democracia pluripartidista y la economía de mercado comenzaron a abrirse paso, se comprobó la dificultad para avanzar en el proceso.
Según Carlos Barrera en su libro Historia del Periodismo Universal, “la actuación pasiva de una población educada durante décadas en el adoctrinamiento más severo influyó en la inclinación manifiesta en buena parte de los profesionales a seguir dependiendo excesivamente de las fuentes de información oficiales, a mantener estrechos lazos con determinadas fuerzas políticas o intereses económicos y a olvidar así en ocasiones su misión de informadores y críticos con la realidad circundante”. Esto podría explicar la situación de dependencia en la que se encuentran la mayoría de los medios de comunicación rusos respecto a los poderes políticos y económicos, mostrando la realidad que interesa a éstos últimos ante la pasividad de la sociedad.
Pero la situación del panorama informativo en este país va más allá. La mayoría de los periodistas independientes o críticos se sienten amenazados por el Kremlin, forman parte de listas secretas de personas sospechosas de extinguir las estructuras de poder. Para ello se realiza un control exhaustivo de las mismas para encontrar su paradero.
Según Carlos Barrera en su libro Historia del Periodismo Universal, “la actuación pasiva de una población educada durante décadas en el adoctrinamiento más severo influyó en la inclinación manifiesta en buena parte de los profesionales a seguir dependiendo excesivamente de las fuentes de información oficiales, a mantener estrechos lazos con determinadas fuerzas políticas o intereses económicos y a olvidar así en ocasiones su misión de informadores y críticos con la realidad circundante”. Esto podría explicar la situación de dependencia en la que se encuentran la mayoría de los medios de comunicación rusos respecto a los poderes políticos y económicos, mostrando la realidad que interesa a éstos últimos ante la pasividad de la sociedad.
Pero la situación del panorama informativo en este país va más allá. La mayoría de los periodistas independientes o críticos se sienten amenazados por el Kremlin, forman parte de listas secretas de personas sospechosas de extinguir las estructuras de poder. Para ello se realiza un control exhaustivo de las mismas para encontrar su paradero.
Anna Politkovskaya, periodista crítica con el gobierno de Putin que apareció asesinada en su apartamento de Moscú en 2006, es el ejemplo más trágico de lo que le puede suceder a un periodista en Rusia. Fue tiroteada en el pecho y la cabeza cuando investigaba posibles casos de torturas en Chechenia, según aseguraban sus compañeros de profesión. La periodista había confesado en varias ocasiones haber recibido amenazas de muerte de los servicios secretos rusos, el Ejército y otras agencias de seguridad del Estado.Desde que Vladimir Putin llegó al poder a principios del año 2000, doce casos de asesinatos a periodistas han quedado sin resolver, según la Unión de Periodistas de Rusia (UPR). Entre ellos se encuentra la del periodista estadounidense Paul Klebnikov, director de la edición rusa de la revista Forbes, asesinado en junio de 2004. Además, estos profesionales se suman a una lista de más de 300 periodistas muertos o desaparecidos en Rusia desde 1991.

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