
La conocida periodista rusa Anna Politkovskaya no solo es un ejemplo de buen periodismo sino también de coraje. Esta activista rusa luchó como pocas por los derechos humanos de su país y utilizó para ello sus reportajes críticos con el Kremlim. No dudó ni un momento en lanzar piedras contra lo que no le gustaba, que era nada menos que el ex presidente de Rusia: Vladimir Putin. En su libro La Rusia de Putin, Politovskaya se refiere al dirigente como “omnipresente”, refiriéndose a los aspectos de la vida de la población rusa. Con el periodismo por bandera, esta periodista intentó hasta su muerte conseguir la libertad de los rusos a través de la información.
Las décadas de autoritarismo soviético han condicionado el panorama informativo del país. Sus dirigentes no terminan de ver con buenos ojos una de las labores fundamentales del periodismo: la crítica política. En Rusia la mayoría de los informadores han estado a merced de Putin porque se encuentran amenazados por el Kremlim. Pero Politkovskaya era una de esas muchas profesionales que trabajaba para el periódico independiente Nováya Gazeta y que arriesgaba su vida cada vez que realizaba una crónica del conflicto checheno. “La gente a veces paga con su vida por decir bien claro lo que piensa”, afirmaba Politkovskaya en una conferencia por la libertad de prensa organizada por Reporteros Sin Fronteras en Viena.
Y ella lo hizo. Politkovskaya apareció muerta en su domicilio de Moscú el 7 de octubre de 2007 cuando preparaba, según compañeros de profesión, algunas informaciones sobre torturas en Chechenia. El tiroteo que sufrió la ‘conciencia de Rusia’, como la conocen en su país, coincidió con el 54 cumpleaños del que era por entonces presidente ruso. El hecho es significativo si se tiene en cuenta que Putin era el blanco preferido de sus críticas y que durante su mandado murieron
Politkovskaya en su libro La Rusia de Putin critica duramente la neosovietización que está sufriendo Rusia desde la llegada a la presidencia de este ex miembro de la FBI. Asegura que la FBS intenta reprimir todas las libertades civiles para establecer una dictadura al estilo soviético. Además, explica cómo se han instalado en el sistema los nuevos ricos, describe la línea transparente y endeble que separa el poder judicial del político y cuenta cómo la corrupción y mafia se han instalado en la vida de los rusos. Los títulos de otros de sus libros como La deshonra rusa refiriéndose a la guerra de Chechenia o La Rusia de Putin: la vida en una democracia fallida, son un claro ejemplo de la postura de esta comprometida periodista. Politkovskaya recibió amenazas de violación y tortura cuando intentaba de ejercer su trabajo con independencia
La veterana activista rusa Ludmila Alexéyeva, que encabeza la filial rusa del Grupo Helsinki, ha denunciado que las profesiones de periodista y defensor de los derechos humanos son "mortales en Rusia" y culpa al Kremlin. Alexéyeva reconoce que "no hay argumentos para decir que esos asesinatos fueron sancionados por representantes del poder, pero la atmósfera que existe en el país contribuye a ello".
La independencia y la libertad de los periodistas rusos deja mucho que desear en este país y el pesimismo se apodera a menudo de los informadores. Politkovskaya aseguró: “ La gente me dice a menudo que soy una pesimista, que no creo en la fortaleza del pueblo ruso, que estoy obsesionada en mi oposición contra Putin y no veo nada más allá de eso. Si alguien piensa que puede estar tranquilo con los pronósticos 'optimistas', déjenlos estarlo. Es ciertamente la forma más fácil, pero es la sentencia de muerte de nuestros nietos." Seguramente Politkovskaya sabía que antes que la de sus nietos, estaba sentenciando su propia muerte. Pero murió diciendo claramente lo que pensaba y luchando por aquello en lo que creía: la libertad del pueblo rusa. Todo un ejemplo.
Politkovskaya en su libro La Rusia de Putin critica duramente la neosovietización que está sufriendo Rusia desde la llegada a la presidencia de este ex miembro de la FBI. Asegura que la FBS intenta reprimir todas las libertades civiles para establecer una dictadura al estilo soviético. Además, explica cómo se han instalado en el sistema los nuevos ricos, describe la línea transparente y endeble que separa el poder judicial del político y cuenta cómo la corrupción y mafia se han instalado en la vida de los rusos. Los títulos de otros de sus libros como La deshonra rusa refiriéndose a la guerra de Chechenia o La Rusia de Putin: la vida en una democracia fallida, son un claro ejemplo de la postura de esta comprometida periodista. Politkovskaya recibió amenazas de violación y tortura cuando intentaba de ejercer su trabajo con independencia
La veterana activista rusa Ludmila Alexéyeva, que encabeza la filial rusa del Grupo Helsinki, ha denunciado que las profesiones de periodista y defensor de los derechos humanos son "mortales en Rusia" y culpa al Kremlin. Alexéyeva reconoce que "no hay argumentos para decir que esos asesinatos fueron sancionados por representantes del poder, pero la atmósfera que existe en el país contribuye a ello".
La independencia y la libertad de los periodistas rusos deja mucho que desear en este país y el pesimismo se apodera a menudo de los informadores. Politkovskaya aseguró: “ La gente me dice a menudo que soy una pesimista, que no creo en la fortaleza del pueblo ruso, que estoy obsesionada en mi oposición contra Putin y no veo nada más allá de eso. Si alguien piensa que puede estar tranquilo con los pronósticos 'optimistas', déjenlos estarlo. Es ciertamente la forma más fácil, pero es la sentencia de muerte de nuestros nietos." Seguramente Politkovskaya sabía que antes que la de sus nietos, estaba sentenciando su propia muerte. Pero murió diciendo claramente lo que pensaba y luchando por aquello en lo que creía: la libertad del pueblo rusa. Todo un ejemplo.
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