«Un ataque
al respeto de un miembro de la familia real» es el argumento que han dado las autoridades marroquíes para cerrar el diario donde ha aparecido esta caricatura, el Ajbar al Yum. El motivo de la ofensa no es más que esta viñeta que muestra al primo del rey, Mohamed VI, el príncipe Mulay Ismail, en el trono de su reciente boda con la bandera del país de fondo. Éste último símbolo ha sido la punta de acero de esta medida censora por parte del gobierno marroquí. Las autoridades aseguran que la estrella de la bandera, que se muestra parcialmente tapada, podría representar la «estrella de David» (de seis puntas y no de cinco como la marroquí); por lo que consideran que «denota inclinaciones antisemitas flagrantes».
Por su parte, el autor del dibujo, Jalid Gueddar, al que el director del periódico le pedió «una caricatura amable» cree que esto es solo un intento más de coartar la libertad de expresión y de información en Marruecos. El caricaturista asegura que ha dibujado otras veces a miembros de la familia marroquí pero siempre para publicaciones de otros países, sobre todo en Francia.
Tanto Gueddar como el responsable del medio, Tuafic Buacharin, han sido condenados a un año de prisión (sin cumplimiento de pena) y a pagar una multa conjunta de 8.900 euros por «ofensa a la monarquía alaudí», según el Tribunal de Primera Instancia de Casablanca. Además, lel Ministerio de Comunicación han vetado también la distribución de diario El País en Marruecos por publicar en sus páginas la caricatura.
Gueddar se muestra indignado con la falta de libertad de información en su país. «En Marruecos todavía permanece la fatua (edicto religioso) del rey Hassan II que decía que no toleraría este tipo de prensa. Ellos saben que un dibujo hace más daño que un texto». Y mucho más una caricatura, ya que el grado de aceptación del humor como crítica es un indicador del grado de la libertad de expresión que posee. Pero mientras las autoridades marroquíes se empeñan en coartar ese derecho de los ciudadanos, en el país existen profesionales como Gueddar que creen firmemente en él y están dispuesto a todo para defenderlo: «Creo en lo que hago, en la libertad de expresión»
al respeto de un miembro de la familia real» es el argumento que han dado las autoridades marroquíes para cerrar el diario donde ha aparecido esta caricatura, el Ajbar al Yum. El motivo de la ofensa no es más que esta viñeta que muestra al primo del rey, Mohamed VI, el príncipe Mulay Ismail, en el trono de su reciente boda con la bandera del país de fondo. Éste último símbolo ha sido la punta de acero de esta medida censora por parte del gobierno marroquí. Las autoridades aseguran que la estrella de la bandera, que se muestra parcialmente tapada, podría representar la «estrella de David» (de seis puntas y no de cinco como la marroquí); por lo que consideran que «denota inclinaciones antisemitas flagrantes». Por su parte, el autor del dibujo, Jalid Gueddar, al que el director del periódico le pedió «una caricatura amable» cree que esto es solo un intento más de coartar la libertad de expresión y de información en Marruecos. El caricaturista asegura que ha dibujado otras veces a miembros de la familia marroquí pero siempre para publicaciones de otros países, sobre todo en Francia.
Tanto Gueddar como el responsable del medio, Tuafic Buacharin, han sido condenados a un año de prisión (sin cumplimiento de pena) y a pagar una multa conjunta de 8.900 euros por «ofensa a la monarquía alaudí», según el Tribunal de Primera Instancia de Casablanca. Además, lel Ministerio de Comunicación han vetado también la distribución de diario El País en Marruecos por publicar en sus páginas la caricatura.
Gueddar se muestra indignado con la falta de libertad de información en su país. «En Marruecos todavía permanece la fatua (edicto religioso) del rey Hassan II que decía que no toleraría este tipo de prensa. Ellos saben que un dibujo hace más daño que un texto». Y mucho más una caricatura, ya que el grado de aceptación del humor como crítica es un indicador del grado de la libertad de expresión que posee. Pero mientras las autoridades marroquíes se empeñan en coartar ese derecho de los ciudadanos, en el país existen profesionales como Gueddar que creen firmemente en él y están dispuesto a todo para defenderlo: «Creo en lo que hago, en la libertad de expresión»

